Crecí luchando por cada migaja que recibía.
Me gané mi sitio en la Hermandad gracias a mis puños y con sangre.
Demostré mi lealtad año tras año.
Y en todo ese tiempo, nunca pedí nada a cambio.
Hasta que la conocí en un trabajo.
Se supone que solo es un daño colateral.
Pero por una vez en mi vida, voy a romper las reglas.
Me la llevo para mí.

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