Solo había ido a entregar un pedido de cupcakes.
Pero una dulce mentira no le hace daño a nadie, ¿verdad?
Además, ser chef de repostería es mucho más difícil que cuidar niños, ¿no?
Falso.
Antes de que pudiera confesar la verdad, el multimillonario más gruñón de Manhattan me hizo una oferta que no pude rechazar y fui lo bastante estúpida como para aceptarla.
Pero me olvidé de dejar el corazón fuera de todo.

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